Palabras para Leonor.

Espero y deseo que vivas aprendiendo a ser libre.

Que descubras el mundo, Leonor, y que te guste tanto explorarlo como volver a casa. Que lo aproveches y disfrutes en todos sus rincones, sus idiomas y culturas. Que descubras a su gente, aprendas a quererla y a apreciar sus diferencias. Que entiendas pronto que, aunque cada persona es distinta, todos al final nos parecemos y buscamos siempre las mismas cosas.

Espero y deseo que aprendas a vivir sin comparar. Apreciando los momentos, las personas, las cosas y los sitios por lo que son y no por lo que les falta. Que disfrutes de cada instante como si fuera siempre el primero (con la ilusión de una niña ante un descubrimiento) y que vayas adquiriendo la certeza del sabio que es consciente de que cada momento siempre puede ser el último.

Espero y deseo que te indigne la injusticia. Que desde el rincón y la forma que elijas para vivir, busques y encuentres la manera de hacer lo que más puedas para combatirla. Que los tiempos convulsos y las incertidumbres no te llenen de miedos ni desconfianzas y que descubras que siempre, en cualquier rincón del mundo, siempre hay alguien dispuesto a ayudar. Espero y deseo que tú seas siempre uno de esos.

Que el paso de los días y las cosas te hagan aprender y reflexionar por ti misma, que escuches y te escuches, y que vivas la vida con los ojos tan abiertos como los tienes ahora. Que mantengas esta misma sonrisa incluso cuando descubras que la vida es imperfecta y que, a veces, el cielo se puede llenar de nubes negras. Y que aunque a momentos, el optimismo pueda parecer una heroicidad, que siempre te inunde la calma y la templanza y que nunca, nunca –como solemos decir tu madre y yo- que nunca te falte el sentido del humor.

Espero y deseo que aunque en el futuro no puedas acordarte de este momento, de alguna manera (a tu manera) sí puedas sentir todo el amor que ahora concentras, te lo lleves guardadito en algún lugar del corazón y que te acompañe siempre, a cada paso.

Que la vida te trate bien, Leonor, y tú también a ella. Que sientas con la misma fuerza la libertad y la responsabilidad de vivirla intensamente, sabiendo disfrutar de sus momentos buenos y aprendiendo de los malos.

Nosotros estaremos aquí:  mirando, sonriendo, viendo cómo avanza el tiempo en el que tú creces y los demás, envejecemos. Cada uno desde su lugar, desde su sitio, siempre atentos y dispuestos para lo que necesites.

Estaremos ahí, como aquí estamos hoy, queriéndote y acompañándote.